VIRGILIO/IV egloga de las bucólica

Musas las de Sicilia,
cantemos algo más grande:
no les placen a todos
jaral o zarza rastrera:
si es de monte el cantar,
sea monte digno de un cónsul.
La Última Edad, que anunció la Sibila,
héla llegada:
ya de raíz nace nueva
una grande rueda de siglos.
Vuelve la Virgen ya,
a reinar ya vuelve Saturno;
ya nueva raza
nos es del alto cielo mandada.
Tú a ese niño que nace,
en quien la era de hierro
terminará y brotará por el mundo
el pueblo de oro,
casta Lucina, ampáralo tú:
ya reina tu Apolo.

Tu año, será: en tu año, Polión,
tal gloria del tiempo
se entrará, y vendrán
los grandes meses andando;
bajo tu ley,
toda huella de nuestro pecado que quede
se borrará,
librando del miedo eterno la tierra.
Él tendrá de los dioses la vida,
y verá entre los dioses
los semidioses mezclados,
y a él han ellos de verlo;
ya apaciguado el confín regirá
en la ley de su padre.
Ah, para tí, sin arar,
regalillos primeros, oh niño,
hiedras de nardo cargadas
doquiera errantes la tierra,
loto enredado con cardo real
esparce a tu risa.

Solas a casa tornando,
hinchada de leche la ubre
traen las cabras,
ni tiembla del gran león la vacada;
sola por sí
para ti blanda flor la cuna derrama.
Aun morirá la culebra,
y la yerba que miente ponzoña
aun morirá:
nacerá a cada paso mirra de Asiria.
Mas, de que ya de los héroes tú
y de tu padre las gestas
puedas leer
y saber cuál es valor verdadero,
se enrubiarán poco a poco
de mansa espiga los yermos;
ya de bravío espinar
colgará sonrojado racimo,
ya sudarán las duras encinas
rocío de mieles.

Pocas habrá, pero huellas habrá
del yerro primero,
que aún tentar con remo la mar,
que ceñir de muralla
plazas aún,
que aún manden hender la tierra de surcos.
Otro Jasón será allí,
otra Argó que porte elegidos
cien semidioses;
aún habrá otras guerras segundas,
y otra vez llevarán
al gran Aquiles a Troya.
Luego, que ya robusta la edad
un hombre te haga,
se apartará el timonel de la mar,
y el pino bogante
no trocará mercancía:
dará todo ya toda tierra.

Ni sufrirá rastrillos el campo
ni hoces la viña;
ya el membrudo arador
al buey desunce del yugo
Ni aprenderá a mentir
color variada la lana,
no, sino que el carnero en los prados
ya sus vedijas
él mudará de grana encendida
y él de azafranes:
yerbarrubia al cordero al pacer
teñirá de su grado.
«Tales siglos hilad»
a su huso «hilad» le cantaron
a una las Tres Hermanas,
con hado y sinos acordes.
Entra, oh (ya el tiempo llegó),
a los altos oficios,
cría de dioses querida,
corona del dios del cielo.
Mira el mundo que te hace señal
con su peso redondo,
y esas tierras y trechos de mar
y el cielo profundo.
mira desde el siglo que está al venir
cómo todo se alegra.

Oh, para mí, que postrera porción
de vida me reste
larga bastante
y aliento que baste a decir tus hazañas:
no ha de vencerme a cantar
ni el mismo Orfeo de Tracia,
Lino tampoco,
aunque a uno a la madre, el padre le asista
a otro, a Orfeo Calíope,
a Lino Apolo fermoso.

Pan el dios si, la Arcadia por juez,
conmigo compite,
Pan el dios que, la Arcadia por juez,
se dé por vencido.
Niño pequeño, empieza a reir
conociendo a tu madre,
madre a la cual
diez meses trajeron largos hastíos;
niño pequeño, empieza:
al que no se le ríen los padres
ni lo convida a su mesa el dios
ni la diosa a su lecho.

***

L

DESVISTIENDO LA ÉGLOGA IV DE VIRGILIO

Ya el futuro ha llegado, cumplido se han los tiempos:
lo que querÍa ser, ya lo es. Estamos ahora
en la ciudad ideal, ordenada ya para siempre.

Ven, hermano pequeño; deténte, y mira las calles
anchas, derechas y limpias, y firmes bloques, y netas
torres de banca, gobierno, supermercado, vivienda,

lisos, pulidos, esactos, igual que los que de niño
tú con cubos armabas y prismas de siete colores.

Y por el límpido aire y el nítido pavimento
móviles corren en paz, cada cual a su hora y su justa
velocidad, y mensajes de amor por ondas se cruzan.

Es, hermanito, el reino del orden y geometría
pura y real, cada cosa en su sitio y en su momento.

Ya la santa Justicia las vidas rige: lo tratos,
pasos y artes y besos y mutuo trueque de bienes,
todos según clara norma y prudente ley se producen.

Hasta las lluvias y vientos y sol por sabio artilugio
se han regulado de modo que nunca ya pase nada.

Y aun los humores del cuerpo, por cómputo y régimen justo
de proteínas, y siempre a reloj cumpliéndose toda
necesidad, fluye manso su tráfico por las venas.

Hélo el fin de la Historia cumplido: es éste ya, éste,
el ideal al que iban en su progreso los siglos:

éste era el fin para el cual la Fe iba imperios y estados
derrumbando y alzando, que en justa guerra querían
ser cada cual el que más se acercase al definitivo;

es el que fué el destino para el millones de siervos
piedras al templo arrastraban y batallones de mozos
se destripaban o ardían en el altar de la Causa.

Y hoy, hombrecillo, que ya todo es hecho y cosa la idea,
y ante los ojos te ponen el FIN feliz que esperabas,
entra a la clara ciudad, y por siempre vive en la gloria.

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